martes, 6 de mayo de 2008

Mi más sentida despedida





Era un adiós anunciado, era cuestión de tiempo que sus 88 abriles se lo llevara. Ya no me acompañará en las tardes de verano cuando venía a sentarse al banco que tengo en el exterior de la tienda. Tenemos la gran suerte de que el río pasa a nuestra vera y le gustaba escuchar el murmullo del agua en sus oidos. Supongo que le traería recuerdos de sus años pasados. Le encantaba escribir sobre su pueblo, Vega de Viejos, sus viajes al extranjero y como no, sobre sus ideas. Se consideraba un hombre de mundo, que no un mundano, como él decía. Yo sabía que la excusa del río le servía para hablar conmigo, en los ratos muertos de los que yo disponía, y le hacía feliz, yo lo sabía, y por eso le escuchaba, porque en estos días de locura y prisas, el sosiego de un momento al lado de alguien que ya sólo espera cumplir sus días, te enseña a parar por un instante y disfrutar de algo tan sencillo como una charla. Hoy quiero mostrar a todos lo que el llamó su ilusión, la pasarela que tanto añoró y por fín pudo ver y disfrutar, después de tantos años sorteando las piedras del rio para acortar distancias entre su casa y el resto del pueblo. Sus días se cumplieron y yo le echaré de menos, adiós Señor Recaredo, ha sido un placer haberle conocido. Un beso para usted donde quiera que esté.

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