miércoles, 9 de julio de 2008

VACACIONES

Ante el umbral de los preparativos

todo son carreras y prisas

tropezones y listas...

¿Has metido esto?

Que se te olvida lo otro!

Escenas del síndrome prevacacional. La casa parece cobrar vida propia, hay que dejarlo todo limpio y pulcro, como decía la abuela, no vaya a ser que nos pase algo...Abuela si nos pasa algo a casa no nos van a traer. Diálogos repetidos una y otra vez. Nos entra un estrés entre felicidad y mala leche, que el día que dejamos caer nuestras posaderas en el coche y emprendemos la procesión de un año más, nos parece aún mejor que la anterior.
Como nos engañamos!, horas y horas de viaje, llega uno mucho más cansado de lo que ha salido de casa. Descargamos todo y el aplanamiento, nos invade a todos los miembros de la familia, nos entra una especie de éxtasis, como a los religiosos, que nos deja KO. No importa, a la mañana siguiente a madrugar para ir a la playa, después comemos a carreras, como si se fuera a acabar el mundo, otra vez la playa y acabar por la noche con las primeras rojeces del sol, encaminando nuestros pasos no sabemos a donde, la cuestión es salir y acabamos el día tirados, literalmente, en la cama, durmiendo, en el mejor de lo casos si el calor lo permite.
Y un día y otro...la euforia se va apagando y cuando pasan tres o cuatro días sueñas con volver a donde te has ido, tú casa. Que agustito estaría ahora en mi sofá, relajado, durmiendo, con la tele de fondo...
Aún así "benditas vacaciones" que nos sacan de la monotonía, Ale! a mover el esqueleto y a pasarlo lo mejor posible.
Mi más sincera enhorabuena a los que se quedan en sus casas sin pegar ni golpe.

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